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País de maravillas

Al gato sonriente ya le duelen las mejillas,
y sabe que al desaparecerá él aún sigue ahí,
colgado de ese viejo sauce,
del que parece que llora,
del que parece romperse encorvado por el viento.
 
Este gato si que es necio,
y  aun después del dolor él sigue sonriendo,
¡ríe gato!, a carcajadas,
tal vez así le encuentres más sentido a tu sonrisa,
después llora y finge tristeza.

Veras lo que es tranquilidad.

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